Delirios de una mente trastornada

Mi sombrero


Tengo por sombrero un bombillo, que ilumina todo mi cuerpo. Ciega mis ojos con su luz pura.
Su energía es mi ego, su propósito dejarme sin sombra.
Cambia su color y su intensidad según mis emociones. Su luz, que cubre mi visión, da matices diferentes a mi realidad. A veces la hace brillar tanto que me encandila. Por otro lado hay días que decide no funcionar, dejando mis acostumbrados ojos perdidos en la oscuridad, en una noche mental.
En mi casa y en confianza me quito el sombrero y veo el mundo en blanco y negro. Aburrida e inmutable es esta visión, por lo que rápidamente el sombrero vuelve a su lugar.
Salgo a caminar y de nuevo gozo con los matices multicolores, con los cambios de intensidad. Fascinado por los paisajes el bombillo incrementa su potencia; dejándome ciego y frustrado.
Respiro, larga y profundamente. Cierro los ojos, he imagino un cálido y apacible lugar. Más tranquilo los vuelvo abrir: la luz ahora es blanca y casi ausente. Como la de las horas antes del amanecer.
Llego a la casa, me quito el sombrero, cierro los ojos y me hundo en la oscura realidad.

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