Delirios de una mente trastornada

Muere un mono azul


-¿Estaré loco?- se preguntó, mientras a su alrededor los monos azules jugaban con acordeones que sonaban como gritos de leones verdes con puntitos negros.

– ¿Seré el único que ve el mundo así?- El sol, esa gran pelota de baloncesto, explotaba en frente suyo. Asustado, un hombre serpiente se hincó y empezó a reír.

-¿Por qué será que esto solo me pasa a mí? Sabe señor, a veces quisiera, no corrija eso, a veces desearía que usted viera el mundo como yo lo veo. Tan ausente de sentido, carente de cualquier razonamiento previo. Es como si algún dios en algún momento hubiera cometido un error en uno de sus infinitos proyectos simultaneos, digo, después de todo si uno es dios está en todos lados al mismo tiempo, en algún momento se tiene que cometer un error, piénselo bien, millones de trillones de quatrillones de lugares al mismo tiempo, en todos haciendo algo diferente… ¡Algún puto error tiene uno que cometer! –

Dos zanahorias peleaban con sus cabezas en una competencia de esgrima. -No, en verdad no se por qué parpadeo tanto señor, me disculpo yo sé que es molesto, disculpe señor, no quiero parecer más loco de lo que ya soy-. Un mono se desangra lentamente cuando su acordeón es herido de muerte por una de las zanahorias al tropezar con el hombre serpiente.

-Como le decía, este dios egocéntrico cometió un error, uno pequeño, como si a usted, no sé, se le cayera ese lapicero con el que tanto apunta; o peor aún, esa libreta que tiene usted para acordarse de todos mis delirios, no crea que yo no sé por qué lo mandaron aquí, yo sé que está aquí para confirmarles a ellos, a esas putas ovejas, que estoy demente, y por eso apunta todo lo que le digo-. El hombre serpiente ve al mono y vuelve a romper en risa. La zanahoria trata de sacar su cabeza del ya muerto acordeón. Lentamente oscurece mientras los pedazos del sol vuelan por los aires. – Un error Doctor X, un simple, falto de sentido e insignificante error. Solo que este hijo de su puta madre de dios decidió que, pues bueno, que no lo iba a corregir ¡Ah no! ¡Jamás! Eso sería admitir que hizo algo “malo”, y él nunca hace nada malo. Así que decidió dejar su “experimento” ahí quieto para ver que pasaba. Y de ahí nació esta escoria, estas ovejas, estos seres humanos… Patético, como le dije, si tan solo lo pudiera ver tan claro como yo, Doctor-

– Lo que yo veo, Don Alberto, es su falta de conexión con la realidad. ¿Cómo es posible que no se ría usted también?, no ve que la zanahoria no puede sacar el acordeón de su cabeza-

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Una respuesta

  1. Qué señor final! Aplausos.
    Muy bien construido el delirio, incluso fascinante e inevitable de construirlo en imágenes. Buen uso de los colores, por cierto. Muy agradable en ese punto.
    Reitero, en el final se luce. No solo lo inesperado, sino la función psi en su máximo esplendor. Amé el mundo maravilloso que construiste y a la vez la caída dolorosa en la “realidad” psiquiátrica, en el juego de poder, en lo satírico del asunto.

    29 septiembre, 2010 en 12:37 AM

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