Delirios de una mente trastornada

Muere un mono azul (segunda parte)


-Tranquila, el señor B no escucha- le decía la enfermera 1 a la que acababa de empezar a trabajar. Recién salida de la escuela, era un manojo de nervios. Todavía conservaba aquellos “principios”, esa visión idealista del que piensa que su oficio puede lograr un cambio. Incrédula Claudia dijo:

-Pero… mírelo… Se me queda viendo con una mirada inquisitiva-

– Es un reflejo, nada más y nada menos, ya se acostumbrará usted-

En sus estudios había aprehendido a acostumbrarse a muchas cosas, así que aceptó estas palabras y las consideró como ese tipo de sabiduría que solo trae los años.

– Sígame contando Claudia, que ya me dejó intrigada con ese sueño que tuvo- dijo la enfermera 1.

– Como le decía, veía yo dos mujeres ciegas que escribían en una vieja y oxidada máquina; interminables, incontables hojas se encontraban esparcidas por todos lados, jajajajaja, pensará usted que estoy loca… señoras ciegas escribiendo en máquinas, como si eso fuera posible.-

El señor B posicionaba su mirada, con completa concentración, en la terminación de las largas piernas de Claudia; justo donde, tras un corto y placentero movimiento, se veía ese espacio glorioso entre las “pantis” negras y la enagua blanca. Notando este momento de lujuria, por parte del señor B, la enfermera 1 caminó hacia la silla de ruedas y la movió en dirección a la ventana.

– Ve, señor B, qué lindo está el día- dijo alegremente. Luego dirigió su mirada hacia donde se encontraba Claudia y continuó – Entonces… se encontraba usted en ese cuarto…-

– Era más como si lo observara desde afuera, como si estuviera yo espiando dentro del cuarto y miles, incontables hojas estaban apiladas por todas partes. De repente, una ráfaga de viento irrumpió en la habitación y disparó hacia mí una torre entera de hojas. Como por instinto, tomé una de ellas…. jajajaja y aquí es donde el sueño se torna extrañamente triste… La hoja decía:

“Un mono azul enojado tomo su acordeón y de él salieron los aullidos de león verde con puntitos negros más melancólicos que jamás se hayan escuchado. Estos impactaron a la zanahoria y ésta cayó al suelo en agonía…” –

La enfermera 1 gritaba con carcajadas estruendosas – Eso tiene que ser lo más triste que he escu… Oh, disculpe Doctor X, entre, todo un gusto verlo-

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Una respuesta

  1. Me parece una continuación interesante de la historia, pero te condenaste con ella a hacer una tercera parte(supongo que ya la tienes en algún bosquejo de tu desordenada cabeza). La estaré esperando.
    Me gusta cómo este señor B está ahí, presente, ignorado casi, pero es mucho más que un accesorio. Es otra vez el contraste ficticio de “aquellos y nosotros”.
    Muy acertado agregar el componente del sueño al amplio espectro de eso que llaman locura. Tal vez esto abra la puerta a muchos fenómenos más que ya te sabes, para incluirlos en la próxima parte y seguir destrozando la frontera inexistente entre la cordura y la insanidad.

    30 septiembre, 2010 en 12:44 AM

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