Delirios de una mente trastornada

Muere un mono azul (cuarta parte)


Claudia había dejado de reír hace mucho tiempo, al menos lo había dejado de hacer porque le naciera. Su sonrisa era ahora igual que su apéndice, un recuerdo, un vestigio de un pasado más normal.

Mientras entraba al cuarto de Don Alberto, se preguntaba por qué le había contado su sueño a la enfermera 1. Sería tal vez porque necesitaba de esa mirada reprobatoria, ese juicio miral que confirmaba sus más oscuros secretos.

– Don Alberto, despierte. Vamos Don Alberto, no me complique el día-

Era mejor hacerla esperar, no solo era una pequeña rebelión sino que también hacía su mentira más creíble.

– Don Alberto ¡Don Alberto! ¡Que se despierte!- Su mano en los huesudos hombros de Don Alberto, sintió una mezcla entre asco y pena.

Por su parte, Don Alberto se rehusó a levantarse dado el grado de excitación que sintió por el contacto con esta enfermera veintiañera. En esos cortos segundos su mente, recordó mil gemidos, arañazos y uno que otro quejido. Simuló también lo que sería tocar ese joven cuerpo.

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