Delirios de una mente trastornada

La pecera


Una pequeña turbulencia en la inmensidad del mar causada por la válvula de escape de una ballena azul, baña a un marinero mientras éste grita en agonía y muere de inanición tras haber naufragado por tres semanas.

Después de una corta inconsciencia temporal noto que había permanecido, completamente quieto, en frente de esta pecera tan transparente. Clara era esta agua, tan llena de vida, de ese tipo que hiperventila al respirar. Nada fuera de lo normal solo un tanque más en el acuario. Solo un momento perdido en la infinidad, la libertad de dejar de pensar.

Últimamente eran más recurrentes estos lapsus y más frecuente que reapareciera en este lugar. Siempre observando esa misma pecera, esa agua que brotaba burbujeante del tanque de oxígeno. Añorando con melancolía sumergirse en ella. Deseando fluir con la corriente que salía a flote haciendo pequeñas olas en la superficie.

Los demás ya no lo interrumpían, ya ni siquiera se asombraban. Lo dejaban ahí, pasaban cerca suyo sin notarlo, sin sentir su presencia. Era mejor así, detestaba cuando volvía por una sacudida, sentía como si hubiera sido expulsado de su cama. Ahora la transición era lubricada, lenta pero constante.

Ya no lo molestaban cuando sumergía su mano en la pecera y luego de un corto jugueteo atrapaba un pez y se lo comía. Ya no cuestionaban cuando decía que se moría de hambre.

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