Delirios de una mente trastornada

Cuentos cortos

Rey niño (Segunda parte)

Paso el tiempo
y las lagunas crecieron
en el centro del país del Olvido,
una a una se juntaron,
año a año lentamente
un mar fue creciendo

El rey niño miraba
desde su alta torre
como el agua iba subiendo
atrapándolo en su solitaria prisión,
año a año el dolor se convirtió en sufrimiento.

Mando heraldos a sus vecinos
alertando, previniendo,
pronto el mar pasaría sus fronteras…

Pero en sus gritos de ayuda
ellos solo vieron
una amenaza y no su arrepentimiento.
Diques y murallas en el horizonte
continuamente fueron apareciendo
símbolos de la vacía indiferencia.

Mientras tanto el agua iba subiendo
y con ella la desesperación
de saber que no habrá un mañana.
En su frágil mente
el niño pensó
-para que continuar-
porque no apresurar
su aniquilamiento.

De una negra caja,
gravada en oro
sobre ella una inscripción:
“Tranquila Salvación”,
saco la daga
su mano temblaba,
su corazón explotaba.

Primero el beso frio
luego el húmedo calor,
la visión empezó a nublarse,
por último la completa absolución.

De su garganta
salieron
todos
los recuerdos
reprimidos

El mar se hizo océano,
los diques y murallas destrozo,
cubriendo por siempre
ese mundo que es solo mío
con la profundidad del Abismo.


Rey Niño (Primera Parte)

En ese mundo que es solo mío
hay un país llamado Olvido,
limita al norte con la soberana nación del Orgullo
y al sur con el poderoso imperio del Sentido.

Es una monarquía autárquica y neutral,
habitada por un rey niño,
único capaz de soportar
los constantes terremotos,
las tormentas de ácido
y las inundaciones de la memoria.

Algún tiempo atrás
sus vecinos quisieron conquistar
esta tierra rica en momentos,
único lugar donde brota de las piedras la paz;
ignorantes desconocían el poder
del ejército de la nada.

Sin remordimientos o dudas
el rey niño humillo las fuerzas del Orgullo,
deshizo el poderío del Sentido,
de nuevo fue el único en el país del olvido.

Nuevos habitantes llegaron al país del Orgullo
y el imperio conquisto nuevas sensaciones
pero nadie venía a acompañar al niño.

Tirano y déspota
en su corazón el odio creció,
pues la soledad nos enfrenta
al creciente vórtice de la oscuridad.

Alto en su torre día a día escucho
la amenazante alegría en la que sus vecinos vivían
día a día vio su población crecer
y noche a noche su ejército convertía recuerdos en nada,
agregaba pelotones, lagunas en su geografía

Blog del artista


Muere un mono azul (Segundo Capitulo)

Nota aclaratoria: Aunque originalmente el cuento corto Muere un mono azul estaba terminado este nuevo cuento encuentra un lugar perfecto entre las paredes de esa institución psiquiátrica. Por lo que decidí que fuera un segundo capítulo.

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El día empezó con un pálido color ocre, que mas que verse se impregnaba en la piel tapando los poros y al hacerlo manchaba la piel convirtiendo su usual blancura en algo parecido al azul. No cualquier azul, no, este era del tipo que se encuentra solo en las cercanías de las estepas, sí, esas en las que habita el lobo.

Empezó con un allegro, lento y con una calidez que incrementaba con cada mirada voyerista a la cotidianidad de la vida actual.

Al dar el primer paso entre en razón, ese ocre eran en realidad un amarillo brillante, que por la amargura del despertar había sido cubierto por ese dulce velo que es el estado entre la vigilia y el sueño. Este repentino cambio en la perspectiva me obligo a restregarme con furia los ojos ¿Dónde había estado este amarillo todo este tiempo? ¿En qué isla de la negación se había ocultado? Pero más importante ¿Con que propósito?

Decidí en ese momento, tras esa última pregunta, que no mancillaría el esplendor que en mi sucia piel era reflejado, con la claridad del agua. Al no encontrar traje que opacara este, ahora sereno, amarillo; que protegiera la negrura de mis adentros, acepte que la desnudes seria en este extraño día un silicio con el que rendiría culto a mi ego.

Después de todo era imposible enfocar cuando hasta el aire parecía explotar con sinceridad. Ellos, los jueces, seguro estarían ciegos, sus ojos atrofiados y llenos de cataratas jamás soportarían color tan puro.

Así pues, salí a saludar con mi libertad al mundo y al hacerlo de mis adentros el asombro me deleito con una sinfonía. Este nuevo filtro le daba a las cosas más sencillas una cierta alegría inocente. Los carros cruzaban el negro asfalto como cometas en el firmamento, el agua de los caños era de una definición hiperrealista y los edificios ¡Oh los edificios! Eran catedrales góticas desgarrando las nubes, iluminadas desde adentro por aquellos bombillos de cuartos que raramente veían la luz.

El adoquinado camino amarillo despertó un ansia por volver a casa. Pero mis ojos recién abiertos ardían como arde la sangre de un adicto. Necesitaba mas ¿Ocupaba mi cuerpo el amarillo? ¿O era este vivido color un ser en el que habitaba yo como simbiote?

Me adentre con intriga en la cuidad y en el horizonte, como punto focal de este impresionante e impresionista cuadro había una pequeña silueta. El contraste, imperceptible para un ojo no acostumbrado a ver musas, afirmo que el color de aquella figura era el de la tierra mojada; de ella emanaba este maravilloso amarillo.

En oleadas su intensidad era consumida y luego expulsada. Asustado me dije que me encontraba frente a una fuerza de magnitud cósmica. Las reacciones químicas neuronales incrementaban con cada ola, al sentir, lentamente primero y luego con ferocidad el viento deteniendo mi cuerpo caí en cuenta que corría hacia ella con todas mis fuerzas.

La frecuencia de estos lapsos recicladores del amarillo incrementaba con cada cuadra recorrida y con ella la sudoración que siempre va acompañada de la sed.

La grasa del olvido fue evaporada; la “libertad” convertida en la sabiduría que llega con el análisis de las experiencia. Comprendí la verdadera desnudes, la que te hace ser humilde, no por debilidad si no por una tener una voluntad capaz de prometer.

Esquelético, sediento y desnudo llegue finalmente al punto focal de esta obra, a esta silueta. Caí arrodillado y luego de un corto instante mi cara golpeo el suelo y todo fue negrura.

-Puede creerlo Claudia, lo dejaron libre, finalmente aprendió a ver los monos azules-

-Entre tranquila, desde su accidente mantenemos a todos los pacientes sedados-