Delirios de una mente trastornada

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¿Delirio? ¿De quién?


Algunos días tiene 23 años, otros 8 y en pocas ocasiones 40. Pero siempre ve hacia atrás, como queriendo olvidar/recordar lo que fue/pudo ser. Y siempre ve al futuro, preguntando, analizando… criticando.

Pero nunca, nunca aquí.

Aquí es fuerte pero ausente. Es olvidadizo, exigente y hasta se podría decir que inteligente.

En los días que tiene 8 años su vida es intranquila, dolorosa. Está llena de mudanzas, de cambios de parecer. De muchos, pero muchos sueños. Se emociona rápidamente, es excitable, puro e inocente. Tiene separaciones forzosas y forzadas. Tiene también momentos de humanidad, en los que duda, en los que cree que el mundo no tiene fin y en esta infinidad es solo un átomo, ni siquiera: es un “strange“. Es tan pequeño y sueña con ser un “gigante azul”. Y cuando se excita, su brillo ciega su mente, rompe con la negrura, la viola y son sus hijos nuevas ideas con las que dar combustible a este meta-gigante. Se encuentra fuera de lugar, pues sus pies tocan este suelo. Es mal-entendido, pues sus palabras son de orden mayor.

Cuando tiene 40 se siente cansado y olvidado. Se ve quemado, cual enana blanca cerca de la muerte. Pero todavía pelea y aunque su núcleo ya no tiene combustible, su energía se rehusa a dejar de moverse. Recuerda… aunque quisiera olvidar. Ve esos momentos, esos que lo definen. Siente como ayer, piensa en mil tal vez.

Pero hoy, hoy tiene 23 y entra en este cuarto buscando algo/alguien que lo mantenga en este lugar. Pues a sus 23 cree que sus sueños dan alas. Y vuela por los cielos negros, sobrevuela la vida. Inseguro de si debe aterrizar, de siquiera saber si puede o no hacerlo; sus pies han olvidado cómo caminar. En fin, entra en este cuarto guindado de lo Real, iluminado por dos Imaginarios.

Estando adentro, rompe en gritos de alegría. ¿Qué es esto que ve? Ahí, frente a Él, está Ella.

Ella, quien se debate entre su intelectualismo y su locura, en ese momento se siente un imán frente a este gigante azul de hierro que ve frente a sí. Hoy, su edad suma 24 traslaciones por el Sol, se pone sus gafas y su camiseta que implora la aparición de un superhéroe en su historia.

Pero igual que Él, Ella no solo tiene 24. Se vuelve peligrosa cuando tiene 9, cuando suda lo Simbólico desde su mente hasta los poros de su piel, cuando todo es todo, y lo contrario también. Se vuelve peligrosa cuando le grita a Aristóteles su error: esto a la vez es aquello y lo otro también. Cuando ve lo que nadie puede/quiere ver, cuando llora no en el lenguaje de los sollozos sino en el de los gritos y el terror sin nombre. O cuando simplemente dos planetas de arena blanca parpadean entre sus ojos, para dejarle bellas noches de insomnio por sus órbitas uniformes y galopantes.

Pero casi todas las hojas de su calendario, dicen que Ella tiene 14. Con su alma adolescente, repite las historias no concluidas, recorre nuevos buzones dejando facturas ajenas, y se amuralla… protege con arqueros de serotonina la inocencia nunca recobrada, el blanco rostro tal vez golpeado, las manos sucias.

Ella lo mira, a Él, el siempreprohibido entre sus brazos. Aparenta, Ella, tener 24, al mirarlo y seducirlo con la suciedad de una percanta que encuentra a su animal acorralado y que la acorrala, para dejarse devorar. Pero Ella en realidad tiene 14, y eriza su piel, saca sus garras en posición de ataque y viste con titanio su pecho. Con su cuerpo de 24 lo seduce, lo llama con su dedo índice a acercarse mientras la lengua le humedece los labios, pero con su alma de 14, llora y se sube a su torre lejana en las nubes. Lo aleja. Su doble mensaje es: acércate, así podré detenerte. Pero finalmente le da miedo de tener 9, y darse cuenta algún día que Él es otro desborde de sí, que es su Él y su contrario, un fuera-de-significado.

El silencio interumpe, corta la tensión de sus miradas. Corta también los cables que sostienen este cuarto y mientras caen hacia este agujero negro, que es la realidad, dicen al unísono:

-¿Delirio? ¿De quién?-

Coautor: Tatiana

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Encuentro fortuito.

Entro yo con mi cuerpo remachado, un síndrome muy marcado y un tarrito de ilusiones que llamo ideas.  Me siento y te digo:

–          Hola, eres tú la que me viene a salvar-

Tú respondes cálida y pensativa:

–          No yo soy el hambre que nunca calla, que siempre demanda.  Soy el negro deseo, soy el hueco del infierno que no se puede llenar-

Yo me quedo frío, vuelvo a ver mi cuerpo y abro una compuerta, saco algo rojo con sangre y el hedor de los recuerdos llena el cuerpo con un estupor blanco. Parpadeante cual ojo se mueve en mi mano. Lo tomo con ternura y cuidado, mi mirada se nubla, se pierde en el olvido.

Con ojos vacíos te veo y digo:

–          Ten, éste es el último pedazo de carne en mi cuerpo, el último grito de mi acallada humanidad.  Está lleno de dadivosidad, con él, tal vez tu hambre puedas acabar-

Una sonrisa sale de tu cara de cristal, un brillo ilumina esta niebla blanca.  La carne en mis manos vuelve a parpadear y tú te sobresaltas. Brincas con una mezcla de repudio y fascinación.

De nuevo pensativa, me dices con tu expresión, que no lo quieres tomar.

-Tranquila- te digo-  tengo mi tarrito de ilusiones. Ellas son puras, no necesito carne a donde me dirijo-

Lenta y temblorosamente tomo tu mano y pongo sobre ella mi último pedacito de carne.  Tus dedos se extienden, como queriendo salir corriendo en dirección contraria a tu mano.  La sangre chorrea y cae al suelo,

–          Apúrate, que si no se va a enfriar y se pondrá tiesa, haciéndola imposible de masticar-

Cierras tu mano todavía con un poco de repulsión cuando mi carne vuelve a moverse.  De nuevo brincas asustada.  Dejo el tarrito de ilusiones en el suelo y te abrazo.  Mi boca cerca de tu oreja susurra  “come”, “tranquila”.  Apartas una de mis manos y llevas tu mano a tu boca engullendo mi último vestigio de humanidad. La sangre chorrea esta vez de tu boca y baja por tu garganta hasta que se pierde en tus pechos.

Por un segundo me concentro en una de esas gotas, cuando desaparece levanto la cabeza y te beso.

Me separo, tomo mi tarrito de ilusiones y salgo del cuarto.