Delirios de una mente trastornada

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Atlas

The Titan Atlas

 

Molino en la colina
en que te has convertido,
eras antes solo una pequeña piedra
que decidió ver hacia la infinita tranquilidad

de los cielos.

Donde tu viste destino, otros ven casualidad,
lo cierto roca de manantial, es que ahí
las nubes, frente a ti,
empezaron a girar.

Los azules, blancos y grises,
desparramados por el horizonte
te llevaron a otro lugar,

ásperas manos
tu pulida piel
tomaron

y con barro
en lo alto
te plantaron.

Y yo que paso,
caballero escuálido
de bigote y barba peculiar,
veo el gigante que los cielos,
en furia, quiere derrumbar.

imagen por ppsvetla

 

 

 

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Muere un mono azul (Segundo Capitulo)

Nota aclaratoria: Aunque originalmente el cuento corto Muere un mono azul estaba terminado este nuevo cuento encuentra un lugar perfecto entre las paredes de esa institución psiquiátrica. Por lo que decidí que fuera un segundo capítulo.

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El día empezó con un pálido color ocre, que mas que verse se impregnaba en la piel tapando los poros y al hacerlo manchaba la piel convirtiendo su usual blancura en algo parecido al azul. No cualquier azul, no, este era del tipo que se encuentra solo en las cercanías de las estepas, sí, esas en las que habita el lobo.

Empezó con un allegro, lento y con una calidez que incrementaba con cada mirada voyerista a la cotidianidad de la vida actual.

Al dar el primer paso entre en razón, ese ocre eran en realidad un amarillo brillante, que por la amargura del despertar había sido cubierto por ese dulce velo que es el estado entre la vigilia y el sueño. Este repentino cambio en la perspectiva me obligo a restregarme con furia los ojos ¿Dónde había estado este amarillo todo este tiempo? ¿En qué isla de la negación se había ocultado? Pero más importante ¿Con que propósito?

Decidí en ese momento, tras esa última pregunta, que no mancillaría el esplendor que en mi sucia piel era reflejado, con la claridad del agua. Al no encontrar traje que opacara este, ahora sereno, amarillo; que protegiera la negrura de mis adentros, acepte que la desnudes seria en este extraño día un silicio con el que rendiría culto a mi ego.

Después de todo era imposible enfocar cuando hasta el aire parecía explotar con sinceridad. Ellos, los jueces, seguro estarían ciegos, sus ojos atrofiados y llenos de cataratas jamás soportarían color tan puro.

Así pues, salí a saludar con mi libertad al mundo y al hacerlo de mis adentros el asombro me deleito con una sinfonía. Este nuevo filtro le daba a las cosas más sencillas una cierta alegría inocente. Los carros cruzaban el negro asfalto como cometas en el firmamento, el agua de los caños era de una definición hiperrealista y los edificios ¡Oh los edificios! Eran catedrales góticas desgarrando las nubes, iluminadas desde adentro por aquellos bombillos de cuartos que raramente veían la luz.

El adoquinado camino amarillo despertó un ansia por volver a casa. Pero mis ojos recién abiertos ardían como arde la sangre de un adicto. Necesitaba mas ¿Ocupaba mi cuerpo el amarillo? ¿O era este vivido color un ser en el que habitaba yo como simbiote?

Me adentre con intriga en la cuidad y en el horizonte, como punto focal de este impresionante e impresionista cuadro había una pequeña silueta. El contraste, imperceptible para un ojo no acostumbrado a ver musas, afirmo que el color de aquella figura era el de la tierra mojada; de ella emanaba este maravilloso amarillo.

En oleadas su intensidad era consumida y luego expulsada. Asustado me dije que me encontraba frente a una fuerza de magnitud cósmica. Las reacciones químicas neuronales incrementaban con cada ola, al sentir, lentamente primero y luego con ferocidad el viento deteniendo mi cuerpo caí en cuenta que corría hacia ella con todas mis fuerzas.

La frecuencia de estos lapsos recicladores del amarillo incrementaba con cada cuadra recorrida y con ella la sudoración que siempre va acompañada de la sed.

La grasa del olvido fue evaporada; la “libertad” convertida en la sabiduría que llega con el análisis de las experiencia. Comprendí la verdadera desnudes, la que te hace ser humilde, no por debilidad si no por una tener una voluntad capaz de prometer.

Esquelético, sediento y desnudo llegue finalmente al punto focal de esta obra, a esta silueta. Caí arrodillado y luego de un corto instante mi cara golpeo el suelo y todo fue negrura.

-Puede creerlo Claudia, lo dejaron libre, finalmente aprendió a ver los monos azules-

-Entre tranquila, desde su accidente mantenemos a todos los pacientes sedados-


Muere un mono azul (sexta y última parte)

Quiso gritar más, pero supo que sería indiferente, se resignó a llorar mientras giraban esta cama de torturas; las lágrimas caían lentamente al suelo. Sin la luz brillante sobre sus ojos, podía ver las baldosas verde pastel del suelo de la sala de Terror -como la nombraban, entre sollozos quebrantados, sus mancillados compañeros.

-Solo una pequeña inyección directamente en las Arterias Espinales Posteriores y listo, su disociación con la realidad terminará. Ya me agradecerá usted, Don Alberto-

Sintió un fuerte pinchonazo en su espalda y luego todo fue colores y figuras.

Cuando despertó, vio las familiares manchas en el techo de su celda. Pensó por un momento que todo había sido una de sus comunes pesadillas, hasta que al intentar levantarse, un escalofrío atacó todo su cuerpo.

La puerta se encontraba abierta, lo cual era extremadamente extraño. Con pasos débiles y torpes caminó hacia ella. El señor B se encontraba, como siempre, sentado en su silla al final del pasillo, viendo la ventana como un tigre ve hacia afuera de su jaula añorando la carne fresca.

Se dirigió hacia el comedor. Para su asombro, no están ahí, todos se veían exactamente iguales… nada había cambiado. Decepcionado, se sentó a la par del ventanal como siempre lo hacía y lloró como no lo había hecho en años, tratando de vaciar este sentimiento de traición. No podía creerlo: su enfermedad no tenía cura.

– Don Alberto- sintió una mano peluda y suave sobre su hombro. – Don Alberto- limpió sus lágrimas con su camisa. Tendría que ver al Doctor X a la cara, tendría que decirle que todavía estaba loco…

Levantó la cara.

mono azul

-Doc…- Un gran mono azul sin cabeza se encontraba en frente suyo.

-¡JAJAJAJAJAJA!…aha aha… ¡JAJAJAJAJAJA! Gracias Doctor X jajajajajajaja-