Delirios de una mente trastornada

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Yo no soy pintor

(Perdon menina)

La dama de la vega esta triste
pues aquel que no debió
haberse equivocado
se encuentra siendo
demasiado humano

Así su nombre
a sido invadido
por todo el ejercito
Reprimido

Observa por su ventana,
tal vez por su hermana acompañada,
el rio de diamantes no nacidos
los ve por lo que son,
carbones nada mas,
con los que se calientan
las hogueras
del calabozo
Corazón.

Ve a lo largo del camino,
se pudre el zacatal
la tierra con acido
se empoza
y esa morriña
no tiene pa´
donde agarrar

El árbol de los instintos
se empieza a secar,
los pañuelos a mojar
árido se ha vuelo el paisaje
árido se ha vuelto mi pincel.

Para la primera parte de este poema leer Morriña de otra tierra

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Morriña de otra tierra

I

Una gata, que nunca fue mía,
sale por las ventanas
de aquella torre, en aquel lugar
en esta nación.

Antes de irse dijo
que el aire era rancio,
estancado y que sus piernas
habían sido entumecidas
por tan mala respiración

dijo que volvería,
tal vez, a una casa,
junto a un árbol de instintos
al lado de un rio de diamantes
no nacidos. Pero solo
tal vez…

Tal vez:
sus piernas
ligeras serian,
llenas de bohemia,
arte y de otros
compañía.

Sus ojos reirían encogidos
y llenos de liberación
correrían por la pampa
y sus labios tangos bailarían.

Si esto fuera así
no regresaría.

II

Yo me digo muy honesto
que no he perdido nada
pues nunca fue mía
y aunque volviera, tal vez
latidos serios en ella encontraría.

Pero la añoranza no sabe
de las mentiras del lenguaje
ni de monólogos internos,
es pura y puro sentimiento.

Por lo que hoy es verdad
sin significante, símbolo o sonido,
tan poco diluida como la energía
de una supernova que opaca
la luz de la galaxia
que su mirada en mí creó.

Salen, pues, gritos en prosa
delirios de una extraña cosa
que a dioses, mortales y poetas
hechiza, dejando, socavando,
acabando y como un morendo,
terminó.

III

Noche a noche un fantasma
camina por mi techo,
sus aullidos me llaman
de nuevo a mi torre
en aquella montaña
en la que fue su nación.

Luna árida, fría y sin gravedad,
por cometas golpeada, con cráteres marcada.
A ese su terreno soy transportado
por el abrazo del espectro ronroneante.
La vega antes rebosante y fructífera,
ahora espejo del satélite blanco,
hace de la añoranza tan numerosa y brillante
como los astros que en la noche
en su soledad la acompañan.

Imagen fue tomada de este Blog