Delirios de una mente trastornada

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Ritos

Recuerdo que de joven
los ritos del olvido
requerían mas esfuerzo
para deshacerse de imágenes y palabras.
Tomabas un basurero
y en el patio le prendías fuego,

mirando los azules y amarillos
rompías eslabones
que unían una esquina escondida,
en el parque de tu barrio ,
con el beso de una niña
que probo de ti un cariño sin morbosidad

Hoy sentado en tu silla
presionas un botón, Borrar,
y no te da tiempo para perdonar
las palabras entre gritos,
que tus vecinos deseaban no escuchar.

Juegas con tu barba,
pensativo, te preguntas
que hacían tus abuelos
para olvidar…

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Rey niño (Segunda parte)

Paso el tiempo
y las lagunas crecieron
en el centro del país del Olvido,
una a una se juntaron,
año a año lentamente
un mar fue creciendo

El rey niño miraba
desde su alta torre
como el agua iba subiendo
atrapándolo en su solitaria prisión,
año a año el dolor se convirtió en sufrimiento.

Mando heraldos a sus vecinos
alertando, previniendo,
pronto el mar pasaría sus fronteras…

Pero en sus gritos de ayuda
ellos solo vieron
una amenaza y no su arrepentimiento.
Diques y murallas en el horizonte
continuamente fueron apareciendo
símbolos de la vacía indiferencia.

Mientras tanto el agua iba subiendo
y con ella la desesperación
de saber que no habrá un mañana.
En su frágil mente
el niño pensó
-para que continuar-
porque no apresurar
su aniquilamiento.

De una negra caja,
gravada en oro
sobre ella una inscripción:
“Tranquila Salvación”,
saco la daga
su mano temblaba,
su corazón explotaba.

Primero el beso frio
luego el húmedo calor,
la visión empezó a nublarse,
por último la completa absolución.

De su garganta
salieron
todos
los recuerdos
reprimidos

El mar se hizo océano,
los diques y murallas destrozo,
cubriendo por siempre
ese mundo que es solo mío
con la profundidad del Abismo.


Rey Niño (Primera Parte)

En ese mundo que es solo mío
hay un país llamado Olvido,
limita al norte con la soberana nación del Orgullo
y al sur con el poderoso imperio del Sentido.

Es una monarquía autárquica y neutral,
habitada por un rey niño,
único capaz de soportar
los constantes terremotos,
las tormentas de ácido
y las inundaciones de la memoria.

Algún tiempo atrás
sus vecinos quisieron conquistar
esta tierra rica en momentos,
único lugar donde brota de las piedras la paz;
ignorantes desconocían el poder
del ejército de la nada.

Sin remordimientos o dudas
el rey niño humillo las fuerzas del Orgullo,
deshizo el poderío del Sentido,
de nuevo fue el único en el país del olvido.

Nuevos habitantes llegaron al país del Orgullo
y el imperio conquisto nuevas sensaciones
pero nadie venía a acompañar al niño.

Tirano y déspota
en su corazón el odio creció,
pues la soledad nos enfrenta
al creciente vórtice de la oscuridad.

Alto en su torre día a día escucho
la amenazante alegría en la que sus vecinos vivían
día a día vio su población crecer
y noche a noche su ejército convertía recuerdos en nada,
agregaba pelotones, lagunas en su geografía

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