Delirios de una mente trastornada

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Puta Vida

Tira, sí tira
ponzoñosa vida
toda tu escoria
que el hueco en mi pecho
es grande
y con brazos abiertos
recibiré
toda tu mierda.

Pega, sin contención,
pega fuerte
que mi mascara esta hecha
del mas duro metal.
Como la ola que en los
riscos revienta
así quedaras hecha espuma.

Viola mi delgada cordura
que el túnel de mi mente
no es de piel y lubricado
con mí locura esta.

Llama a tus amigas
la miseria, la muerte
la ausencia, la perdición,
que no soy celoso,
que aquí hay hombre para todas.


La puta y el Volcan

Lloraba una puta a la orilla de un gran volcán, gritaba por sus miserias, por esa su negra vida. Eran muchos sus demonios, pero junto al volcán la puta había encontrado un santuario.

-Oh Gran volcán, escucha mi plegaria: es mi vida un silicio con el que se flagela mi pobre, usado, derruido amor. Concédeme un solo deseo, dame la paz, dame el placer de este amor que me elude.- Con estas palabras empezó a subir por las laderas.

Al escuchar esta dulce voz, que imploraba ser escuchada, el volcán decidió iluminar su cráter, para que la puta pudiera llegar a él. Siendo como lo era, el volcán solo sabia una manera de lograr su cometido, con su más honesto y puro sentimiento incremento el calor en su chimenea, pero esto solo logro que una nube de humo tapara toda la luz del sol.

-Volcán, oh volcán de mis sueños ¿Por qué me tratas tan mal? ¿Por qué haces de mi arduo camino hacia ti, uno negro? ¿Por qué me asfixias con este humo?-  El volcán, se sintió triste por estas duras palabras y lloro;  fue tan grande su llanto que un lahar bajo por su ladera.

La puta al ver una avalancha de barro bajar hacia ella, sintió su confianza traicionada; impactada y sorprendida no pudo moverse y quedo sepultada.

Acostumbrada a una vida llena de duras pruebas, fuerte como lo era, logro sobrevivir. Pero era ahora su estado deplorable, laceraciones y magulladuras habían cubierto su cuerpo y sus pulmones, habiendo respirado este barro, apenas le proporcionaban suficiente aire para gatear.

De nuevo hablo con su volcán, ahora entre susurros y quejidos. – Oh  monumental Volcán, acaso no has escuchado mi petición, no ves que la vida a destruido mi esperanza, no me des tan duras pruebas, no me impidas llegar a ti. Soy tuya volcán, pero déjame caminar, déjame correr hacia ti-

Excitado por estas palabras, dentro de si sintió una explosión. Un cráter secundario nació detrás de la puta y adonde antes se encontraba una planicie verde, ahora había un rio de magma. No había vuelta a atrás se dijo a si misma la puta, estoy atrapada entre un volcán abusivo y un rio de piedra derretida.

Cada vez que se acercaba mas al cráter el volcán la atacaba, así que decidió, quedarse ahí, sentada en una piedra cubierta de barro, apenas pudiendo respirar y con dolores constantes por sus mil cortadas y moretes.

-No necesito llegar a tu cráter, volcán, nada mas cumple tu promesa, que los dioses saben que ya he pagado por ella con tu tortura.- se dijo mas para sí misma que para el volcán.

Solo sabiendo una manera de hacer su amor llegar a esta puta que había lo había despertado de su largo sueño, el volcán hizo erupción y al hacerlo grito:

–  Déjame darte mi corazon-