Delirios de una mente trastornada

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Morriña de otra tierra

I

Una gata, que nunca fue mía,
sale por las ventanas
de aquella torre, en aquel lugar
en esta nación.

Antes de irse dijo
que el aire era rancio,
estancado y que sus piernas
habían sido entumecidas
por tan mala respiración

dijo que volvería,
tal vez, a una casa,
junto a un árbol de instintos
al lado de un rio de diamantes
no nacidos. Pero solo
tal vez…

Tal vez:
sus piernas
ligeras serian,
llenas de bohemia,
arte y de otros
compañía.

Sus ojos reirían encogidos
y llenos de liberación
correrían por la pampa
y sus labios tangos bailarían.

Si esto fuera así
no regresaría.

II

Yo me digo muy honesto
que no he perdido nada
pues nunca fue mía
y aunque volviera, tal vez
latidos serios en ella encontraría.

Pero la añoranza no sabe
de las mentiras del lenguaje
ni de monólogos internos,
es pura y puro sentimiento.

Por lo que hoy es verdad
sin significante, símbolo o sonido,
tan poco diluida como la energía
de una supernova que opaca
la luz de la galaxia
que su mirada en mí creó.

Salen, pues, gritos en prosa
delirios de una extraña cosa
que a dioses, mortales y poetas
hechiza, dejando, socavando,
acabando y como un morendo,
terminó.

III

Noche a noche un fantasma
camina por mi techo,
sus aullidos me llaman
de nuevo a mi torre
en aquella montaña
en la que fue su nación.

Luna árida, fría y sin gravedad,
por cometas golpeada, con cráteres marcada.
A ese su terreno soy transportado
por el abrazo del espectro ronroneante.
La vega antes rebosante y fructífera,
ahora espejo del satélite blanco,
hace de la añoranza tan numerosa y brillante
como los astros que en la noche
en su soledad la acompañan.

Imagen fue tomada de este Blog


Hasta pronto (Dedicado a La Menina)

Con ilusiones, cerca mío tu morada
prematuramente he comprado,
con momentos hecho un hueco y bañado
de diamantes no nacidos, así llenada

se encuentra la torrentera; negro carbón
brillará al ser transformado por la presión
de un solo beso, vibrante tambor
golpeado intermitentemente, crea ardor.
Gritando así melodía, interno el sonido
como todo lo gratamente sentido,

como al penetrar (no puedes parar)
de la conciencia, su transparencia.

Lo he puesto cerca de tu ventana
y al admirarlo convertirás
en recuerdo, cualquier intensión malsana.
“Ah este lugar volveré” asombrada dirás.

Al final del empiedrado trecho
que lleva a este tú lecho,

la semilla del instinto he plantado,
al azar he dejado su crecimiento.
Ha Helios y Gea sacrificios proporcionado,
cual oraculo ha nacido un presentimiento.

Con la certeza que la razón ciega
pediré pronto que vuelvas a esta tu vega.

 

La imagen fue tomada de aquí