Delirios de una mente trastornada

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Volcan

Pequeño crio eres tan débil
que sobre ti una montaña has creado
y ahora ves desde lo alto
donde el aire es puro y frio,
pequeño crio se te ha olvidado
aun en las alturas hay días nublados.

Ves lentamente las nubes crecer
pero en la tierra estas plantado.

Liquida, roja y caliente
es tu abierta cima.
Soberbio y pobre enano
¿Para qué escalar tus laderas?
si solo prometes una muerte certera.
Miente, que nada quema más
que una palabra sincera
y tus discursos, esa verborrea,
son, para ese bosque, demasiado honestos.

Demasiado blancas
son tus avalanchas.

Pequeño crio hazte fuerte
y levanta la montaña
que pronto habrás crecido
y ya no te podrás mover.

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La puta y el Volcan

Lloraba una puta a la orilla de un gran volcán, gritaba por sus miserias, por esa su negra vida. Eran muchos sus demonios, pero junto al volcán la puta había encontrado un santuario.

-Oh Gran volcán, escucha mi plegaria: es mi vida un silicio con el que se flagela mi pobre, usado, derruido amor. Concédeme un solo deseo, dame la paz, dame el placer de este amor que me elude.- Con estas palabras empezó a subir por las laderas.

Al escuchar esta dulce voz, que imploraba ser escuchada, el volcán decidió iluminar su cráter, para que la puta pudiera llegar a él. Siendo como lo era, el volcán solo sabia una manera de lograr su cometido, con su más honesto y puro sentimiento incremento el calor en su chimenea, pero esto solo logro que una nube de humo tapara toda la luz del sol.

-Volcán, oh volcán de mis sueños ¿Por qué me tratas tan mal? ¿Por qué haces de mi arduo camino hacia ti, uno negro? ¿Por qué me asfixias con este humo?-  El volcán, se sintió triste por estas duras palabras y lloro;  fue tan grande su llanto que un lahar bajo por su ladera.

La puta al ver una avalancha de barro bajar hacia ella, sintió su confianza traicionada; impactada y sorprendida no pudo moverse y quedo sepultada.

Acostumbrada a una vida llena de duras pruebas, fuerte como lo era, logro sobrevivir. Pero era ahora su estado deplorable, laceraciones y magulladuras habían cubierto su cuerpo y sus pulmones, habiendo respirado este barro, apenas le proporcionaban suficiente aire para gatear.

De nuevo hablo con su volcán, ahora entre susurros y quejidos. – Oh  monumental Volcán, acaso no has escuchado mi petición, no ves que la vida a destruido mi esperanza, no me des tan duras pruebas, no me impidas llegar a ti. Soy tuya volcán, pero déjame caminar, déjame correr hacia ti-

Excitado por estas palabras, dentro de si sintió una explosión. Un cráter secundario nació detrás de la puta y adonde antes se encontraba una planicie verde, ahora había un rio de magma. No había vuelta a atrás se dijo a si misma la puta, estoy atrapada entre un volcán abusivo y un rio de piedra derretida.

Cada vez que se acercaba mas al cráter el volcán la atacaba, así que decidió, quedarse ahí, sentada en una piedra cubierta de barro, apenas pudiendo respirar y con dolores constantes por sus mil cortadas y moretes.

-No necesito llegar a tu cráter, volcán, nada mas cumple tu promesa, que los dioses saben que ya he pagado por ella con tu tortura.- se dijo mas para sí misma que para el volcán.

Solo sabiendo una manera de hacer su amor llegar a esta puta que había lo había despertado de su largo sueño, el volcán hizo erupción y al hacerlo grito:

–  Déjame darte mi corazon-