Delirios de una mente trastornada

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Blues fondo de microondas cósmico

Eres
Eco que se escucha en la radio
que diambulas solitario
Sonido mágico que por vez primera oi

Suenas en cualquier recodo
En el universo todo
Murmullo misterioso
Hiciste que la ciencia
comprendiera mas el cosmos

Música que en la nada
te sientes tan lejana
vuelve a mis oidos retumbar
Solo a ti quiero escuchar

Suenas en cualquier recodo
En el universo todo
Murmullo misterioso
Hiciste que la ciencia
comprendiera mas el cosmos

Eco de la explosión primera
A mi alma espera
se que puedo mejorar

Para entender que es el Fondo de microondas cósmico


Morriña de otra tierra

I

Una gata, que nunca fue mía,
sale por las ventanas
de aquella torre, en aquel lugar
en esta nación.

Antes de irse dijo
que el aire era rancio,
estancado y que sus piernas
habían sido entumecidas
por tan mala respiración

dijo que volvería,
tal vez, a una casa,
junto a un árbol de instintos
al lado de un rio de diamantes
no nacidos. Pero solo
tal vez…

Tal vez:
sus piernas
ligeras serian,
llenas de bohemia,
arte y de otros
compañía.

Sus ojos reirían encogidos
y llenos de liberación
correrían por la pampa
y sus labios tangos bailarían.

Si esto fuera así
no regresaría.

II

Yo me digo muy honesto
que no he perdido nada
pues nunca fue mía
y aunque volviera, tal vez
latidos serios en ella encontraría.

Pero la añoranza no sabe
de las mentiras del lenguaje
ni de monólogos internos,
es pura y puro sentimiento.

Por lo que hoy es verdad
sin significante, símbolo o sonido,
tan poco diluida como la energía
de una supernova que opaca
la luz de la galaxia
que su mirada en mí creó.

Salen, pues, gritos en prosa
delirios de una extraña cosa
que a dioses, mortales y poetas
hechiza, dejando, socavando,
acabando y como un morendo,
terminó.

III

Noche a noche un fantasma
camina por mi techo,
sus aullidos me llaman
de nuevo a mi torre
en aquella montaña
en la que fue su nación.

Luna árida, fría y sin gravedad,
por cometas golpeada, con cráteres marcada.
A ese su terreno soy transportado
por el abrazo del espectro ronroneante.
La vega antes rebosante y fructífera,
ahora espejo del satélite blanco,
hace de la añoranza tan numerosa y brillante
como los astros que en la noche
en su soledad la acompañan.

Imagen fue tomada de este Blog